Un pie en el zapato y otro en la bota…

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No vivo solo por vivir,
Los meses que pasan los disfrazo a mi gusto,
Magníficos y variados, completos y atrevidos.
Pero también soy una mujer débil, con miedos. Que cometo errores.
Pero no me resignaré a vivir sin sueños, sin  pasión, sin amor.
Porque estoy para rendir no para rendirme.
Caminando erguida y haciendo valer mi voz,
Quiero una vida digna de ser narrada,
Explotando cada sentido,
Degustando los sabores de una vida exquisita,
Distinguiendo los olores y colores,
Escuchando al mundo, reconociendo el ritmo,
Sintiendo la cadencia del momento,
Convertidos en segundos, minutos y horas.
Y mis ojos parpadeando fotos,
Mientras mi mente y corazón capsulan el recuerdo.
El camino siempre se ha ajustado a mis pasos,
El río se ha tornado flexible,
Mi pulso se ha adaptado a la aventura,
En tanto, sigo respirando
Porque respirar es arriesgar.
Y arriesgar es VIVIR

                                                              

(La crónica de mi vida)
Acela Ortega

 

El día más esperado llegó antes de lo planeado, arrasando con todo, presagiando y bendiciendo el inicio de “una nueva experiencia”.   Y el 13 de Julio del 2015 por parte de la organización para la cual trabajo como voluntaria en Puebla, México: “Siijuve ICYE México”, envió un correo a todos los colegas interesados en participar en una convocatoria para ir por un año a Italia, trabajando como voluntaria en un programa de “SVE y Erasmus Plus”.

Y fue justo ese momento cuando sentí una revolución en toda la extensión de la palabra. Vivir fuera de México era un sueño y la propuesta era bastante prometedora. Sin embargo, aun teníendo actividades planeadas y considerando que las  oportunidades no siempre se dan dos veces, decidí arriesgarme. Mis amigos auguraban que el lugar sería para mí pero había la posibilidad que no fuera así; porque yo sabía quién más estaba interesada en irse, considerando que ella tenía más experiencia en el ramo. Y aun así la esperanza no murió, confié.

Después de una semana de espera, el 24 de Julio por la mañana, recibí la llamada de la Directora de SIIJUVE diciéndome  “que lo sentía mucho, PERO… ( hubo una pausa) Que NO me quedaría en México”.   No pasaron segundos sin expresar con un grito “Ayayayaiii…”  toda la alegría que me había portado la noticia. Y así empezó: con entusiasmo, de esas cosas hechas con amor y voluntad. Confío en que cuando quieres algo todo el universo conspira para que se realice.

Y entre que te vas en un mes y no, resultó que me iría en 3 meses, para mí fue el tiempo necesario para concluir mis pendientes. Y también para despedirme de las amistades que había hecho en Puebla, donde estuve viviendo los últimos 6 años. Era regresar a Córdoba, mi ciudad natal; despedirme de mi familia y amistades también. Que cabe mencionar que tuve muchas despedidas; los mariachis sonaron,  bailé, canté,  comí comida típica mexicana, reí pero “la chillona” también se hizo presente. Era escuchar buenos deseos, bendiciones,  la famosa frase de cruzaras “el charco” y “tienes un pie en el zapato y otro en la bota”. Y era tan confortable saber que en Europa tengo amistades que volvería a ver. Así que lo algún día fue una despedida se convertiría en una bienvenida.

Concluso el tiempo llegó el 19 de Octubre, entre nervios,  felicidad y curiosidad salí de casa. Y una vez más “la chillona” apareció, justo al despedirme de mi familia. Aunque había llorado no quise que se quedaran con esa imagen; así que, una sonrisa pinté en mi cara.

Al abordar el avión, enfatizó más el hecho que sería la primera vez que saldría de México y que llevaría “el nopal bien puesto” en un sentido figurativo (no me imaginen con el sombrero de la figura de un nopal) eso sí, BIEN MEXICANA.

 

Vamonos !

Cierto que se agudizaron más mis dudas, la curiosidad por saber dónde viviría, cómo sería mi trabajo, quienes serían mis colegas y lo único que sabía era que viviría con una italiana y una nepalí. Tantas cosas que pasaban por mi mente pero yo traía a una ACELA “corregida y aumentada”.  Augurando que todo salga como tenga que salir.  Al llegar al aeropuerto de Madrid, fue dar vueltas esperando el transbordo directo a Milán. Y fue curioso porque mi Nombre no es común; así que, me bautizaron como “MARCELA”. Después a mí llegada al aeropuerto tenía miedo porque el horario del tren lo tenía justo a tiempo, miedo en el sentido que no hablaba italiano  y me fuera a perder en el trayecto. Pero ahí probé mi nivel de “itañolo”, es decir, una mezcla de palabras entre español e italiano, no sin descartar, que mi bruto ingles surgió;   y el lenguaje de las señas no pasó desapercibido. Con todas las explicaciones que me dieron los italianos, muy amables por cierto,  llegué sudando porque “aah bárbaro” con mis dos maletas de 22 kg cada una y una mochila más, yo iba sudando. Al llegar al andén antes de subir al tren, por unos segundos me relajé cuando de repente me abordaron dos chicos, que en realidad me espantaron. Ellos queriendo socializar y yo preocupada; así que ni más ni menos al final me terminé subido al tren.

Durante el viaje siendo más o menos las 20 hrs, con un cansancio de más de 1 día de viaje, sin batería en el teléfono y sin poderme comunicar si alguien me estaría esperando en la estación de Génova, confié en los horarios “precisos” del tren y en que alguien estaría ahí. Pues a mitad de camino volvieron aparecer los dos chicos, una vez más insistiendo en hacer conversación. Entre inseguridad y fastidio, no tuve opción más que acceder a hablar con ellos, de todos modos no había opción de “escape”. Sorpresivo que uno se llamara Batman, “No por dios”  que hasta su Carta de Identidad le hice sacar. Platicando y observando todo a mí alrededor, viendo que en el vagón había pocas personas, me pude percatar que iban italianos, africanos, los turcos con los que iba platicando y la mexicana. Que los nervios por llegar me invadían consultando a cada rato mi reloj.  Y así, al bajarme del tren un letrero me esperaba. Mi llegada a Génova cerca de las 10 de la noche, mi impresión fue ver una ciudad tranquila.

Llegar a la puerta del edificio donde viviría fue “la Bomba”, ándale “reina” sube las escaleras con todo y maletas, que mi mentora en todo momento muy atenta me ayudó. Y gran sorpresa me llevé cuando supe que mi roomie hablaba italiano, inglés y español. Que más podía pedir considerando que era y es muy atenta, siempre ayudándome.

Lo maravilloso y que no esperaba fue tomar el desayuno enfrente al mar con ella “La italiana” y obviamente el desayuno típico genovese “capuccino con focaccia”, lo disfruté tanto.  Llegando el medio día, mi segunda persona de contacto me dio un paseo por la ciudad. Yo seguía sin tener pila en el teléfono, así que mis ojos se convirtieron en una cámara fotográfica. Lo que no sabía es que la primera impresión no causó tanto impacto como caminar por el centro histórico y aunque ya había leído sobre la ciudad no fue suficiente para sorprenderme del nuevo estilo de vida que tendría. Por un italiano que veía había 3 extranjeros. Sin importar si eran de África, Asía o América, caminar por las pequeñas calles era “un intercambio cultural”.

 

Genova, Italia.

Llegar y ver el lugar donde iba a trabajar era una de las cosas que me intrigaba; así que me vestí con la mejor ropa que uno se puede poner “UNA SONRISA”.  En primer lugar IL CE.STO que es una asociación  que trabaja con inmigrantes y niños hijos de italianos e inmigrantes también. Con ellos trabajaría como educadora; después, el  GIARDINI LUZZATI, que es una asociación de promoción social, que cabe mencionar que trabajan juntas; que era el lugar dónde iría a comer de lunes a viernes.  Para mí era el lugar idóneo para desenvolverme e ir conociendo poco a poco con quien trabajaría, conocí a mis jefes y a las chicas de servicio civil, mis colegas. No tenía pleno conocimiento que 3 días a la semana se comía con los adolescentes y ahí empezó lo más difícil porque no hablaba italiano y por más que yo quería no podía tener un acercamiento. Y ya me habían dicho que empezaría a trabajar con ellos porque era más fácil. Para empezar que entienden por fácil? Porque no fue fácil.

Al llegar al centro donde están las salas de trabajo e interactuar con los más pequeños fue el caos. Empecé por aprender a escuchar porque si bien es cierto hay muchas palabras que son parecidas al español y de alguna u otra manera tenía que descifrar que trataban de decirme, no sin mencionar que utilicé hasta los gestos para hacerme expresar y no tuve mayor problema porque los italianos son de gestos. Al final, haciendo la recopilación de mi primer día de trabajo, lo que más quería y deseaba era aprender italiano “necesariamente obligatorio”. Y bueno, no fue uno de los mejores días porque soy una persona que le gusta platicar, compartir, reír y ese día no había sido el mejor. Pero como bien había dicho estaba vestida de la mejor ropa así que no cayó totalmente el ánimo. Yo sabía que tenía que esforzarme para poder hablar italiano y aunque me tenían que dar un curso de italiano, este aún no iniciaba; así que, empecé de manera autónoma.

Mi primera actividad fue preparar el evento de halloween, hice una piñata y  ayudé a hacer los disfraces para los niños. Y cuando llegó el día esperado fue increíble, todos vestidos con la temática de la película “intensamente”, listos para dar el recorrido por los pasillos de Génova y diciendo en cada negocio: “Dolcetto o scherzetto”; es decir, “Truco o Trato”. De este modo empecé a vivir los hábitos de una nueva ciudad.
En el centro  hay un área de laboratorio; donde me sentía bastante cómoda porque tengo la habilidad de hacer manualidades. Para mí eso me llenaba de mucha satisfacción porque era un modo de compartir con ellos lo que yo sé hacer. Era la forma de decir tal vez no hablo perfectamente italiano pero pueden contar conmigo en diferentes actividades.

En realidad el centro y el bar me fueron acogiendo y brindando seguridad; desde mis jefes, colegas de servicio de civil hasta compañeros.  Cada uno a su modo me ayudó.  No sin descartar a los niños y adolescentes que al verme diariamente compartiendo mi tiempo con ellos, jugando, comiendo juntos, ayudándoles en sus tareas, etc.; formaron parte a que mi estancia fuera más integrada.  Que en el momento menos pensado al verme corrían para darme un abrazo fuerte con un beso; era y sigue siendo tan placentero sentir y ver como tu labor va dando resultados.  Es cierto, jugar con los niños no solo basta hacerlo; también, se aprende de ellos. A observar, a saber escuchar, a utilizar el lenguaje corporal, a utilizar la palabra correcta, a ser paciente, a ser dócil pero también fuerte (que sigo trabajando porque aún me falta mucho).

A mis 4 meses de estar aquí, de vivir y sentirme plenamente establecida en un país que no conocía, hoy estoy muy feliz y aunque no todo ha sido color rosa ( algunos amigos han de saber de las malas experiencias que he pasado ), no permito que arruine la mejor de las experiencias que estoy teniendo. Porque si algo me sobra es ¡¡ actitud !!.

nel Palazzo Reale

He conocido a tantas personas que me han brindado ayuda, besos, comprensión, tiempo, sonrisas, viajes, oraciones, abrazos, también malos momentos, corajes, pero sobre todo amor… tantas cosas; que hacen que mi estancia sea “maravillosa” y enriquecida tanto sentimental, profesional, cultural y espiritual.

Y así como he conocido a personas increíbles tampoco dejo de mencionar a mi gente de México y amigos de diferentes países que me acompañan en esta experiencia.

 

Acela Orlop

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