Experiencia evs

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Salí de casa un día martes para aventurarme a lo desconocido y no podía estar preparado para lo que me esperaba, pues cada trayecto es un capitulo que lleva después a la aventura. El camino para llegar aquí fue difícil, muy difícil diría yo hubo demasiadas dificultades administrativas y personales que estuvieron a punto de hacerme claudicar, mucho antes de tomar el vuelo que me traería al viejo continente.

Mi trayecto comenzó en Zinapécuaro un lugar pequeño en el estado de Michoacán, en donde tome el primer trasporte que me llevaría a la aventura, al lado de mi padre una persona a la que admiro por su fortaleza y dedicación que a pesar de todos las pruebas que ha tenido a lo largo de su vida no ha perdido la Fe, ni las ganas de seguir luchando, fue el encargado de llevarme a la estación más cercana de autobuses.  Y allí empezó mi travesía de dos días para llegar a mi destino.

Un jueves por la mañana fue el día en que conocí Bruselas una ciudad que desde las alturas parecía tener más de un millón de luminarias en cada una de sus calles. La ciudad me parece tan diferentes sus sentidos de la orientación en el tráfico de la ciudad, la manera en que la gente camina por las calles, las personas en sus trabajos y relajándose en el parque, me parece todo tan tranquilo y relajante.

Llegando a esta sociedad, que está regida por costumbres diferentes que apenas voy descubriendo, me llevan a contemplar lo diferente que es todo cuando das el salto al otro lado del charco

El Destino me guio a un nuevo lugar, al que espero pronto conocer como un local y amar como un foráneo.

El llegar a una ciudad nueva, hasta el momento desconocida se convierte en  una ventana de oportunidades, para escribir una nueva historia desde cero, para un comienzo aparte que nos permita descubrirnos a nosotros mismos fuera de la zona de confort a la que podemos estar acostumbrados. Ir escribiendo poco a poco en este lienzo en blanco, las historias que pasamos todos los días, las experiencias nuevas y extrañas que vivimos en este mundo.

A travesar el Atlántico para llegar a esta ciudad, fue quizás una de las mejores decisiones que he tomado, pues me ha permitido conocer un lugar donde la comunidad y la construcción de lazos de hermandad es cosa de todos los días, un lugar de trabajo en donde las diferencias nos hacen más cercanos y el ser “especial” se convierte en cosa de los días, una nueva familia que trabaja por el bienestar de cada uno de sus miembros.

Llegar a este nuevo lugar se convirtió sin lugar a dudas en una experiencia placentera desde el momento en que pisamos este Reino de extravagancias y bicicletas. Descender de un avión, en un lugar en el que pasaran una parte de tu vida se convierte en una sensación de miedo a lo desconocido y en contraparte en ansias de conocer este nuevo mundo que se te presenta.  Mis primeros días aquí, trabaje, colabore y construí, junto a las demás personas de Le Grain, momentos gratos que espero sigan sucediendo a lo largo de mi trayecto por este proyecto.

Descubrí la riqueza de ser diferentes unos de otros y no solo la igualdad que pretenden mostrarnos los medios de comunicación en donde se nos muestran los prototipos de lo aceptable en sociedad, aquí en mis primeros días he aprendido la importancia de ser único, de brindar amor y recibir sonrisas, he descubierto que todas las personas aman, tienen dificultades y siguen luchando día a día por cumplir sus sueños. Mención merece la sensación de colectividad que se respira en la fundación en la que estoy desarrollando esta experiencia, pues no se trata de un individualismo que genere diferencias entre unos y otros, se trata de construir algo juntos, como comunidad orientada a la inclusión de cualquier persona que tenga en su corazón las intenciones de formar parte de esta gran familia.

Las personas con capacidades diferentes, como las llamaríamos en mi país y aquí los handicape, me han mostrado que son algunas veces más capaces de mostrar compasión, amor, amistad, que una persona considerada normal. La pureza en el corazón de las personas con las que estoy trabajando me hace pensar que son únicas, en cierto punto podríamos aprender de ellas, el valor de mostrarnos sin prejuicios, de la forma que verdaderamente somos.

Este nuevo centro donde desarrollo actividades diarios, me ha brindado una perspectiva única de las formas en la que se puede tocar y transformar a  un corazón, un alma y sobre todo un ser humano.  Una cosmovisión diferente del mundo en que nos desarrollamos.

Mención especial merecen los sabores de Bruselas, tan diferentes a lo conocido, tan dulces y salados, pero jamás picantes.

Los contrastes culturales de la comida Belga, han generado severos traumas en mi pequeño corazón provinciano mexicano, pues me han hecho descubrir que lo que creía era malo, lo que pensaba que jamás debía ir, lo que jamás se hubiera ocurrido combinar, es en cierto punto una de las mejores mezclas de sabor que jamás habría imaginado probar.

Todo iba normal, comida dulces, chocolates, papas fritas, mejillones, y comida local que me parecía excelente pero nada que no pudiera consumir en mi país de origen, mas allá de la extraña costumbre de cobrar en cualquier lugar por las salsas en especial mayonesas y cátsups, no había encontrado un choque cultural que me preparara para lo que estaba a punto de descubrir.

Y llego ese día en el que probé aquel platillo extraño que representaba una de las cosas más bizarras que jamás hubiera considerada posible, quiero decir frutas y pescados, es algo que puedes encontrar en México en los aguacates rellenos o en algún platillo de esa naturaleza, pero aquí lo llevaron al siguiente nivel y me dejo impresionado talvez para toda mi vida.

En mi comunidad de origen, se producen muchas conservas cada año de duraznos, higos, peras y muchas frutas más, se acostumbra tomarlas como postre o como refrigerio, normalmente son muy dulces y tienen una consistencia deliciosa que de acuerdo a mis costumbres combina perfecto con otras cosas dulces; como el helado, pero aquí descubrí que pueden ser utilizadas de otra manera un poco extraña, pero deliciosa también, una manera que creo no hubiera pensado era posible o como dirían en mi familia para cualquier cosa extraña al comer: “no comas cochinadas que te saldrán lombrices” .

Este platillo belga al parecer muy común en belgica y usado principalmente en fiestas para niños por su facilidad a la hora de servir es el “Peche au Thon”

Un platillo a base de duraznos en almíbar, que como relleno lleva “Ensalada de Atún”, una combinación impensada en cualquier hogar que conozco. Cuando vi el platillo creí que eran pimientos amarillos rellenos, pero cuando lo probé quede impactado, es un platillo delicioso muy fresco, dulzón y que tiene un toque del mar y de la dulce tierra.

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